Sol Rodríguez Seoane «Somos hacedores de puentes entre el mundo de lo trascendente, lo intangible, y el mundo terrenal»

Sol Rodríguez Seoane es dramaturga, guionista, actriz, investigadora y docente universitaria. Además de ser una de las talentosas jóvenes escritoras es una de las ganadoras del concurso “Monólogos de la peste” por su monólogo «Globalisiados» en el que se tomaron como temas centrales la pandemia del Covid-19 y el confinamiento.

“Como artistas tenemos la responsabilidad de seguir ofreciendo nuevas alternativas a la realidad”, sostiene Sol.  “La gente está con mucha necesidad de escribir. Nunca tuve tantos estudiantes como ahora”, explica la licenciada en actuación y magíster en dramaturgia egresada de la UNA, y EMAD. “

Sol  imagina la dramaturgia post pandemia, nos comparte algunas estrategias para llevar este momento, su mirada acerca de cómo nace una posible obra, algunas de sus piezas teatrales favoritas, Pinter, Mariano Pensotti y unas copas de vino imaginarias con Shakespeare, Chejov y Moliere, “me impresiona que sus comedias sigan teniendo el humor vigente. Aunque es probable que no me hubieran dado bola, siendo mujer”.

– ¿El arte puede ayudar en este momento, y si es así ¿Cómo?

El arte siempre ayuda en todo momento. Las fuerzas de lo intangible, de las que pocas veces se habla ni se toman en serio, están allí, circulan y operan entre nosotros, y el arte es una forma de “captarlas” y regularizarlas. Además, todo tipo de actividad artística abre las puertas a nuevas posibilidades, formas de pensar, y formas de sentir y vivir. No lo digo yo, lo dijo Aristóteles. La Historia se encarga de los hechos que sucedieron, la Poética, el arte, se ocupa de los hechos que podrían suceder. Es decir, los artistas vemos potencialidades, el espectro latente de lo que todavía no es. Algunos tenemos el radar más destapado que otros, pero somos imprescindibles mientras socialmente no se enseñe a ejercer a toda la población sobre estas fuerzas invisibles. Para mí es fundamental. Me pasa sobre todo escribiendo para tele porque entro en contacto con millones de personas y es una responsabilidad enorme.

 – ¿Cómo te imaginas la dramaturgia post pandemia?

Todavía no sé, estoy y estamos demasiado metidos adentro del remolino como para poder ver. Pero pandemias hubo siempre. Shakespeare vivió tres pestes. En nuestro país nomás la fiebre amarilla ha rellenado de cadáveres lo que es el parque centenario y todo el sector verde que hoy rodea a la chacarita. Así que… ya antes de la pandemia hacíamos dramaturgia post pandemia ¿no? posguerra, post pandemia, post HIV… siempre estamos recuperándonos de algo, y abriendo la puerta a una nueva cosa inesperada, ya sea alentadora o nociva.

– ¿Por dónde circulan los caminos de la creación para un dramaturgo en esto tiempos? ¿Estas pudiendo escribir?

Sí, un montón. Me organicé para trabajar de las clases tres días a la semana. Así que lunes y viernes escribo un montón. Estoy pudiendo escribir porque estoy pudiendo leer. Leer a la mañana me hace muy bien. Y no viajar tanto de un lado al otro con la mochila cargada. Eso también me hace muy bien a la espalda. Soy de les escritores que cuanto mejor están, más escriben. Hay gente que sostiene que la tiene que pasar mal para escribir. Bueno, no es mi caso. Todo lo contrario.

Por lo pronto, la gente está con mucha necesidad de escribir. Nunca tuve tantos estudiantes como ahora. Me alegra poder ofrecer un espacio de canalización de esto.

 

¿Podrías compartir algún consejo para atravesar este momento?

Tomar talleres, para juntarse con gente, conectarse y ver lo que escriben otros. Se puede aprender mucho de los otros. La escritura es solitaria, pero necesitamos interlocutores, alteridad. Y no dejarse caer en el pozo ciego de la desesperación. Como artistas tenemos la responsabilidad de seguir ofreciendo nuevas alternativas a la realidad si nosotros nos hundimos por el peso de la pandemia ¿quién va ayudar a flotar a los demás?

Y para aquellos artistas que están sin trabajo, que son muchos, les deseo, adaptabilidad, fuerza, templanza y perseverancia. Si algo nos enseñó el 2020, es que todo puede ser online. El teatro independiente, por nuestra parte, nunca se llevó bien con el dinero, nadie vive mucho de eso, y eso es un problema de funcionamiento más allá de la pandemia, que habría que pensar, para ver qué pasa.

– ¿Cómo empieza a germinar la semilla para comenzar a escribir una obra?

Hay ejercicios que se pueden hacer, pero creo que hay que estar permeable para registrar cuando “aquello” se manifiesta. Siempre le digo a mis estudiantes que los escritores somos “pontífices”, que viene de puente, somos hacedores de puentes entre el mundo de lo trascendente, lo intangible, y el mundo terrenal. Dicho de otro modo, somos el pararrayos de la cultura. Lo que recibimos no es necesariamente nuestro, pero es lo que fuimos convocados a decantar en la tierra. Por eso hay que prestar atención a ver cuándo llega la señal. Pero creo que eso, somos sólo mensajeros. Así que mejor que tengamos bien destapado el wifi para poder recibir.

 ¿Con quién te hubiera gustado tomar un vino del mundo del teatro de todos los tiempos y por qué?

Con Shakespeare, de una. Me hubiera gustado estar ahí, ver a la compañía hacer esas obras… y Con Moliere, claro, que me impresiona que sus comedias del siglo XVII sigan teniendo el humor vigente. Un capo con eso. Aunque es probable que no me hubieran dado bola, siendo mujer.

Y luego claro, con Ibsen. Lo admiro mucho. Es un escritor que no le temió a la polémica de sus obras, se modificó como autor con los años… y a Chejov también. Aunque era un cabrón y lamentablemente bastante misógino también… pero bueno, hablaba de ecología en el siglo XIX así que creo que un vino me lo podría bancar.

Seguro me quedan afuera un montón de dramaturgos. Digo hombres porque lamentablemente de las mujeres no se conoce mucho. Maldito canon…

– Tus tres obras favoritas.

Qué difícil. Pinter sin dudas, El amante, Traición.

Vapor de Mariano Pensotti. Devoción por esa obra.

Marathon de Ricardo Monti. Y hay muchas mas

Hay muchas más…

 

 

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