Patricio Abadi «Resistir con el corazón sensible para volver al escenario resignificados»

“A falta de la adrenalina impagable del escenario, ahí está ella, la escritura que tan solo te pide dos manos, un mate y el corazón sensible para la imaginación”, cuenta el actor, director y dramaturgo Patricio Abadi.

Es licenciado en comunicación con orientación en letras, egresado de la escuela de dramaturgia EMAD y actor de impecable formación con grandes maestros/as como Norman Briski, Ricardo Bartís, Juan Carlos Gené y Verónica Oddó. Es uno de los autores más prolíficos de la escena actual, que tiene en su haber piezas como “Ya no pienso en Matambre ni le temo al Vacío, la multipremiada El equilibrista escrita en coautoría con Mariano Saba y Mauricio Dayub. Además, entre otras de sus creaciones se destacan Antihéroe off, actualmente en Teatrix, Flashes, El palacio de la sabiduría, Bonus track y El estadio de arena dentro de su vasta producción teatral.

Una entrevista con todos los condimentos, dramaturgia,escritura, pandemia, estrategias de supervivencia, obras favoritas,  brindis post función y hasta un vino imaginario con  Sandro y Olga y una mesa redonda con Marguerite Yourcenar, Susan Sontag y George Steiner. 

Las sociedades han pasado por grandes catástrofes. ¿Crees que algo se modificará con todo lo sucedido?

Podría darte una opinión ociosa pero sinceramente: no lo sé. No sé, cómo va a devenir el ser humano, porque no deja ser el animal más impredecible de la naturaleza. Además, esta circunstancia lo encontraba en el ápice de su narcisismo virtual, o si se quiere una auto referencialidad casi ingobernable. Y este comportamiento diseminado en el conjunto de la sociedad la vuelve un loco carrusel.

– ¿El arte puede ayudar en este momento, y si es así ¿Cómo?

Es indudable. Lo que es relativo es el alcance. El arte puede ayudar a quienes lo enarbolan para no sentir mutilada su expresión. Puede ayudar a los espectadores que disfrutan de ir a su encuentro y puede colaborar económicamente con sectores más postergados, incluso de la propia comunidad artística.

– ¿Por dónde circulan los caminos de la creación para un dramaturgo en tiempos de pandemia?

Terminé de escribir la tercera de mi serie de Biografías Friccionadas, inspirada en Patti Smith y Robert Mapplethorpe. También finalicé de un tirón una farsa llamada Orgía Distópica, un guion versionando Edipo Rey en 4 capítulos de diez minutos cada uno y concluí una comedia más costumbrista.  Además, empecé a escribir a fuego lento mi posible tercer unipersonal, los anteriores fueron Antihéroe Off y Bonus Track. Y luego hice algunos trabajos por encargo como corresponsal de urgencia para una revista de pensamiento contemporáneo y para dos productoras desarrollo contenido.

La escritura se consolidó como ese perro fiel cuya incondicionalidad uno no aprecia lo suficiente. Siempre relegada por las tareas de producción que demanda “ganarse subir al escenario”, por los ensayos, las funciones, el vino, los fernet con coca, las borracheras terapéuticas de la bohemia, todo eso siempre deja a la escritura para lo último. O para el regreso de la resaca cuando nos derrumbamos en la silla a escribir las alegrías y las tristezas que ahogamos por las noches entre el aplauso, la camaradería de los brindis extra large después de cada función. Siendo más concreto, hoy la escritura es la reina de mis oficios, a falta de la adrenalina impagable del escenario, ahí está ella, que tan solo te pide dos manos, un mate y el corazón sensible para la imaginación.

 ¿Algunos consejos o tus estrategias que puedas compartir con los artistas para atravesar esta realidad?

Tal vez sea un momento para ver que cuentos cada uno quiere contar, sea con la palabra, con el cuerpo, resetear, dejar afuera aquellos relatos que estaban un poco rancios e imaginarse donde el propio ser puede narrar o ser narrado con mayor entusiasmo, que siempre es el mejor aliado de los buenos resultados.

¿Crees que se va a mirar con otros ojos la profesión del artista post pandemia?  

No creo. Hay gente que siendo culta o no, por tradición familiar, empatía o misterio tiene una afinidad con los artistas, respeta o admira esa labor. Y otros que los ven como instrumentos bufonescos serviciales desarrollo a su hedonismo. Y un tercer grupo que ni los considera. Creo que eso mucho no se altera.

– Tus tres obras favoritas.

Me ha conmovido ver en el escenario a Norman Briski, a Tato Pavlovsky, a Verónica Oddó, a Carlos Belloso, Alfredo Alcón, Marina Otero y hace poco también un trabajo de Andrea Garrote, que escribió e interpretó. En general son obras donde hay intérpretes pregnantes que están llevando al frente una poética personal, ya sea poniéndole el cuerpo a su escritura o bien en función de un sistema narrativo que me convoca, lo cual en general son espectáculos que no dejan afuera a la palabra, al trayecto del humor al drama o viceversa y donde no se destila una supuesta modernidad o vanguardia que no hace más que taponar a través de una pose el vacío de sentido.

¿Con quién te hubiera gustado compartir un vino del mundo del teatro?

Tal vez con Sandro y Olga. Mejor dicho, con “Roberto” y Olga. Y sumaría a una mesa redonda a Marguerite Yourcenar, Susan Sontag y George Steiner.  Después hay gente como Sam Shepard, Borges, Alfredo Alcón, Miguel Abuelo, Verónica Oddó, que admiro mucho pero no sabría cómo estar junto a ellos. Lo cierto es que me siento cómodo tomando vino con la gente que lo hago habitualmente, porque no tengo la exigencia de ser encantador ni el pudor de estar frente a esas personas que por tanto que uno las admira se te corta la respiración y balbuceas pavadas semi encandilado.

 

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