Anahí Ribeiro: “Sostenerse de la pata creativa, es una buena válvula de escape”

 

Anahí Ribeiro es actriz, directora y dramaturga que emerge del teatro independiente con gran ímpetu, talento, trabajo y compromiso con la profesión. Es una de las flamantes ganadoras del concurso que organizó el Teatro Nacional Cervantes sobre un total de 1548 piezas de las cuales 21 obras fueron seleccionadas entre ellas la de Anahí, “Lo sutil del desamor”, para ser representada a través del Cervantes online. “Es la historia de una pareja de dramaturgos, ex pareja, que se encuentran para escribir su última obra juntos.”, nos anticipa su autora.

Anahí se arriesga a reflexionar sobre algunas de secuelas que podrá dejar la pandemia en el circuito teatral. “Una de las cosas que más me preocupan es la cantidad de salas y espacios que van a poder abrir cuando todo esto pase”.

  ¿El arte puede ayudar en este momento, y si es así ¿Cómo?

El arte siempre es sanador, es la posibilidad de sublimar todo aquello que necesitamos expresar. Y en este momento, a mí particularmente, el arte me ayuda a mantener la cabeza activa, creativa, y despierta. Poder sostenerse de la pata creativa, es una buena válvula de escape; y si no te dejas vencer por el miedo, la ansiedad y la angustia por lo incierto, podría ser una gran posibilidad de crear cosas que quizás, en otro contexto, no hubieras tenido, ni el tiempo, ni la capacidad para pensarlo. El arte nos cuenta, nos hace trascender y nos salva.

– ¿Cómo te preparas para la experiencia del Cervantes online?

Me da mucha alegría que un texto mío haya sido seleccionado. El Teatro Cervantes es un espacio maravilloso y por ende es un honor ser parte de este proyecto llamado Nuestro Teatro, que seleccionó obras de todo el país, y que nos da la posibilidad, a autores, actores y directores, de seguir mostrando nuestro trabajo en este contexto tan particular. Como no se repiten los roles, ya que la idea es alcanzar a la mayor cantidad de artistas posibles, yo no voy a dirigirla, así que la expectativa de su representación me da mucha curiosidad. La obra se llama “Lo sutil del desamor”, y se trata sobre una pareja de dramaturgos, ex pareja, que se encuentran para escribir su última obra juntos. Deciden que la temática será “el amor”. Mientras ellos debaten sobre la estructura y lo textual, los personajes que crean se corporizan y, como avatares, van construyendo la puesta en escena. El amor, que se va desarmando en la realidad, se construye en la ficción, hasta que ambos mundos se mezclan y pugnan cada uno por prevalecer.

 

– ¿Por dónde circulan los caminos de la creación para una dramaturga en esto tiempos? ¿Qué te inspira?

Hay algo de este stop, que me permitió pensar en el trayecto hasta acá, y en esa película me encontré poniendo el ojo en los vínculos, en especial en aquellos que colaboraron a forjarme. Estoy escribiendo una obra que habla de eso, de volver a los lugares de los que nos fuimos por conquistar el mundo, y que sin embargo terminan siendo nuestra génesis. Volver a encontrarme con aquello que fue orgánico, lúdico, simple, y sin peso. He escrito algunos textos desde marzo, y pocos tuvieron que ver con la pandemia o el encierro en sí.  Como si la mente se hubiese limpiado de maleza y ruido, y me hubiera dado el espacio para reflexionar y conectar con otros temas.

 

– ¿Cómo te aggiornaste a la modalidad de clases de teatro vía zoom?

Una de las cuestiones que me ayudó a poder activar una dinámica de trabajo fue, conocer la herramienta, y no pelearme con la modalidad. La virtualidad se presentó como única opción, y lo ideal era sacarle el jugo. Igualmente fue prueba y error, y el camino lo fui construyendo con los alumnos: yo les proponía algo y ellos siempre iban más allá, y por ende crecían nuestras posibilidades de construir. Metimos mano a todas las herramientas que la tecnología nos pudo aportar, nos enfocamos en los detalles de la expresión, la modulación, la construcción del espacio escénico les permitió repensar sus espacios cotidianos, tomaron conciencia de sus propias poéticas, elaboraron propuestas estéticas, afinaron la observación en el trabajo del otro, y el registro del propio. Y para mi sorpresa, lograron en la mayoría de los trabajos un nivel de conexión e intimidad que, inicialmente, no hubiera creído que se podría lograr por zoom. Es verdad que hay cosas, propias del trabajo en el espacio escénico, en las que no pudimos hacer foco, y que la virtualidad jamás va a reemplazar lo presencial, pero es una buena herramienta hoy, para seguir en marcha, ponernos creativos, explorar formatos, mantener la cabeza maquinando, y no dejarnos caer en la parálisis.

 

– ¿Cómo vislumbras el regreso a los escenarios? 

De a poco. No en lo inmediato. A mí, en particular, se me hace difícil pensarlo sin público. No digo que no se pueda, o que el streaming en vivo no resulte una buena manera de ir volviendo; solo que, nunca reemplazará al hecho teatral. El vértigo y la adrenalina que genera el acto presencial no tiene comparación con nada. Una de las cosas que más me preocupan es la cantidad de salas y espacios que van a poder abrir cuando todo esto pase. También creo que vamos a tener que establecer nuevos contratos; en el sistema cooperativo los actores, directores, asistentes y técnicos, son los últimos que cobran por su trabajo. Y eso que cobran, es tan incierto como la cantidad de público que asiste a cada función. Algo tiene que modificarse. Yo hacía algunos años que no estaba sobre el escenario, y en marzo estrenamos “Ojalá lloviera” en Microteatro. Volver al primer amor fue maravilloso y energizante. Y como directora, vivo cada función como si estuviera en el escenario, así que, supongo que toda esa emoción volverá a suceder. No veo la hora que pase.

 

– ¿Con quién te hubiera gustado tomar un vino del mundo del teatro?

Con Alfonsina Storni. Siempre me gustó su obra, pero hace dos veranos encontré una biografía de ella y me la devoré, sentada en una reposera frente al mar. Quedé fascinada por su personalidad, su búsqueda, su recorrido, su tesón; una mujer que tuvo la fortaleza de ser quien quiso ser, en un mundo de hombres, de artistas. Poetiza, feminista, amante, actriz, maestra, madre soltera… Y así mismo, una fragilidad que determinó su final.

 

¿Algo que quieras agregar?

Si pueden, quédense en casa. Si no pueden, cuídense mucho. Usen barbijo, lleven alcohol en gel, mantengan distancia y exijan, en los lugares a los que van, que cumplan con las normas de seguridad y sanidad. No es tanto, es hacer lo mejor que podamos, ser lo mejor que podamos y poner un poco de cada uno.

 

 

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